¿Vas para escritor?

Viernes 22, Enero, 2010

¿Cómo lo llevas?

Hola. Mi nombre es Bastiän Muntkerg Turbjin. Hijo de padres españoles, nací en Riûna (Suecia) a final de 1969. Llevo lustro y medio casado con la misma mujer y tenemos dos niñas. Vivimos en una casa de dos plantas rodeada de bosque y tenemos un perro llamado Grütt. Me gusta la vida que llevamos ;-)

Supongo que uno se convierte en escritor porque el lenguaje le ha buscado a uno desde siempre; incluso antes de leer o de hablar. En mi caso la letra impresa desataba una seductora desconfianza; me ocurría como cuando espías, o cuando gustas de alguien que no te conviene. De niño veía al periódico como jamás volví a ver algo en toda mi vida; sin preguntar qué ni cómo ni nada. Ahora sé que estaba frente a un orden desconocido y a veces me digo si en tiempos de Abraham no sucedía lo que a mí a casi todos los adultos.

Lo anterior fue germinal pues dos décadas más tarde me doctoré en Semiología por la Universidad de Mialämal y en Filosofía del Lenguaje por la Universidad Hätckhölm Klïve (-mi tutor fue Ludwig Dodgeson!-). Casi de inmediato me propuse y gané la prometedora beca Båßelz por mi tesis acerca de la ampliación del rango de abstracción semiótica en sujetos no videntes y sus variables de entorno (ya, pero es más sencillo de lo que parece).

A partir de entonces el dinero dejó de escasear y obtuve un traslado a Dinamarca donde el influjo de mentes como la de Karl “Chuck” Lizano, G.H. Mortiary y Beatrice Loizeau (conocidos también como ’El círculo de Lowry’) me incitaron a continuar estudiando y a optar por una segunda especialidad. Aquel año la Universidad de Copenhagen estrenaba un doctorado piloto considerado avant-garde de la Teoría del Arte; su título era “Filosofía de la Ficción” y sólo había doce plazas.

Al siguiente de doctorarnos me hice cargo del curso: Estética vincular entre escritor y lector en la ficción narrativa moderna. Esto me permitió (y me permite aun) convivir y dialogar con hombres y mujeres que enfrentan a diario el conflicto de la escritura. Mi meta es que desarrollen cada día más y mejores historias y que vivan de ello. Intento descubrir a cada quien los lazos que comunican con su lector, los estimulo en gran medida para que se ordenen, para que integren a su pensamiento los principios básicos de la lógica narrativa, principios que hacen de la narración ese artefacto ’interesante’ y que como lectores reconocemos de inmediato. Porque un narrador es en esencia alguien que gana nuestra atención y continúa así todo…, todo el tiempo, desde que la historia comienza y hasta que termina. Digamos que los entreno para fascinar.

Claro que las cosas no siempre salen como quiero; mi experiencia es que sólo alcanza el objetivo quien lo desea de veras. Y cuando escribo (o digo) ‘de veras’ lo hago super, pero suuuper en serio… Escribir historias es enfrentar un conflicto tras otro y resolverlo, es un trabajo mental que opone gran resistencia psicológica; si lo haces bien parece que estuvieses matando a tu madre. Es decir que si a esto de ser escritor no lo deseas gran cosa ni deberías molestarte; porque no lo logras. Pero ni en mil años, vaya.

Por otro lado adoro que la mayoría de los escritores adhiera por ejemplo a esto: escribir una historia es, sobre todo: releer el texto que has escrito, corregirlo, releerlo, corregirlo y vuelta otra vez a releer. Los consagrados presentan una Historia de la Narrativa de lo más roja, plagada de ‘errores’, capítulos, manuscritos enteros que van del escritorio a la basura y viceversa. Esto significa que ¡aun estás a tiempo! (¿aun estás ahí?) para entrenarte a pensar de veras como escritor; sólo necesitas aplicar a tu pensamiento la misma dinámica que -por ejemplo- Proust aplicaba a su discurso: revisarlo, corregirlo, incluso pasar en limpio todo y demás. ¿El nombre que traes de fábrica no te lleva a ningún sitio, no te abre puerta alguna ni hace que te sientas tú? ¿no es mejor que elijas otro? Puedes hacerlo; tu pensamiento ’es’ lenguaje, las palabras de las que te vales para escribir (o hablar) no ‘están en’ sino que ’son’ tu pensamiento. De allí que ahora mismo nuestras mentes ’coinciden’.

Deseas ser escritor pero el texto te defrauda (o defrauda a quienes te leen…). No es problema: lo que has escrito hasta hoy no es ejemplo de tu ‘verdadera’ capacidad para pensar como escritor sino un reflejo de cómo te has (te han, te hemos) acostumbrado a creer que ‘el escritor de verdad’ piensa (o habla, o escribe…es igual). Hasta ahora actuabas desde aquella creencia y así, aunque no lo creas no escribías, sólo imitabas el modo en que ‘crees’ que escribe un escritor; en vez de escritor eras papel. De nuevo, es completamente normal y lo mejor es que se cura; sólo tienes que entrenarte en ser tú mismo :-]

Es imprescindible que enfoques en descubrir los lazos que comunican con tu lector. Para ello te estimulo a que integres a tu pensamiento los principios básicos de la lógica narrativa, principios que hacen de la narración un artefacto ’interesante’ y que como lectores reconocemos de inmediato. De nuevo, un narrador es en esencia un tipo que gana nuestra atención y continúa así todo…, todo el tiempo, desde que la historia comienza y hasta que termina; entrénate para enamorar.

El objetivo primario es »conectar« con el lector. Facilitar esa coincidencia implica integrar los elementos que todo aquel que lee buscará en tu texto. Mis alumnos no aprenden sino que descubren por si mismos para que lo descubierto se vuelva parte de ellos por siempre. Recién entonces piensan como escritores. Desarrollar ideas propias y ser cortés con quien te lee es ‘casi’ lo único que debe importarte como escritor. La escritura, en esencia, va de eso; es un oficio, es incluso una forma de piedad.

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