¿CUÁNDO ES INTUICIÓN Y CUÁNDO UN SABER?
La intuición y el saber son formas diversas de conocimiento. La intuición es única, el saber es completamente convencional; es sólo aquello que de una intuición puede ponerse en palabras. Y siempre que el pensamiento alcanza el saber antes que la intuición sucede algo de lo más habitual; que la cosa en sí aparece blanda, convencional, incluso un poco falsa. Es decir que el mundo se nos aparece como un mero producto de la coerción social.
De este modo los humanos nos dirigimos hacia la adultez con infinidad de conceptos que conforman nuestra idea del mundo y que son peligrosamente blandos. Pretenden una rigidez, pretenden concreción, por esta razón nos sirven para manejar la vida en general pero en ningún caso nos habilitan para hacerlo en lo particular. Son ideas que corresponden «aproximadamente» al mundo; explican tan sólo aquello que de la intuición del mundo es posible traducir en palabras. Pero en cambio cuando sucede a la inversa, cuando la intuición se presenta a nuestro pensamiento antes que el saber la cosa se solidifica, toma cuerpo, pasa a conformar lo Real de nosotros mismos. Es como un ROM; el mundo pasa a ser algo que de veras sucede en el cuerpo.
Si de algo parece carecer lo que sabemos es de la claridad con que la intuición se ilumina a sí misma en nuestro pensamiento. Esa claridad que permite la decisión instantánea e inconsciente. Nuestra vida está plagada de decisiones inconscientes basadas en la intuición; en este sentido el psicoanálisis es una mina de motivos razonables para acciones por completo inconscientes. Con esto no intento decir que ser intuitivo sea la panacea. Lo es si además de intuir uno alcanza saber. Primero hacemos el mundo que más tarde podremos saber.
La intuición sólo se desata ante lo discontinuo. Lo continuo conforma el saber y lo im-pre-visto o lo-nunca-antes-visto la intuición. Cuando la insuficiencia de los recursos lógicos más habituales es tal que se hace imposible saber qué sucede, allí, se detona la intuición. Y esto podría sonar peligroso. Porque es de pronto como echar a volar y la razón va perdiendo sustento. Porque esa lógica de la que hablábamos y que se interrumpe justo frente a la intuición es nada menos que «lo razonable». Por eso intuir podría sonar peligroso.
Y es por ello quizás que intentamos enfrentar toda decisión basándonos en el saber. Y sólo cuando no sabemos realizamos juicios de acuerdo a la cosa intuida. El caso práctico y paradigmático es «ir al cine»; a ver cualquier film. O no, mejor uno de terror, uno en donde la intuición lo sea todo. Sabrás que no existe ni tal, ni tal, ni tal cosa, pero a un tiempo intuirás que el saber con el que contamos para argumentar eso mismo no es del todo satisfactorio y por eso disfrutas como disfrutas.
Entre nosotros: ¿de qué modo el mundo es como intuyes que es y a un tiempo lo que todo el resto sabe?



