CRIATURA EVASIVA

Intentemos comenzar a definir la escritura para el marco de esta serie de artículos. Por supuesto no pretendemos divisar una forma completa de toda idea escrita. La inteligencia adolesce de limitaciones espaciales y no consigue iluminar por completo una forma tan compleja como esta. Es de a poco, y con entrenamiento que comenzamos a entender que la inteligencia puede aplicarse, y aplicarse, y volver a aplicarse sobre distintos puntos de una misma forma, y que de ese modo concebimos gráficas de algo; abstracciones de su pura forma.

La palabra es una anguila oscura. Un animal de profundidad, acostumbrado a vivir soportando las más altas presiones, soportando el océano entero sobre sí. No es nada fácil enfocar sobre una criatura tan evasiva y por eso comenzaremos deteniendo la mirada sobre aquello que de ella nos resulta más familiar, aquello único que puede realmente verse con los ojos: su aspecto en el espacio y en el tiempo.

«La longitud del camino que cruza con líneas el papel» es un atributo de la escritura. Un primer vistazo nos la trae como una secuencia ordenada de signos lingüísticos que pueden re-presentar su propia extensión en el espacio. Así «Las Partículas Elementales» (M. Houellebecq; Anagrama) se extienden en el espacio a lo largo de un kilómetro, el volumen II de «La decadencia de Occidente» (O. Spengler; Planeta-Dagostini) demanda a nuestra mirada un recorrido superior a dos kilómetros y «Las Amistades Peligrosas» (Choderlos De Laclos; Circulo de Lectores) poco más de kilómetro y medio.

El segundo aspecto de la escritura que puede apreciarse fácilmente es su tiempo. Oponemos la escritura al habla y lo primero que nos viene en mente es que hablar implica actuar «en vivo» mientras que escribir no. Ambas expresan nuestro pensamiento, aunque, la verdad sea dicha, al hablar pensamos lo mínimo indispensable, lo suficiente como para conformar un discurso coherente; es decir que en general la palabra hablada es consecuencia de un pensamiento breve. En cambio el tiempo de la escritura podría considerarse como una «exageración» en el tiempo del habla; porque el tiempo de la escritura no es sólo el que se demora en leer sino el que se demora en escribir y, sobre todo, en el pensar aquello que se escribirá. ¿Se aprecia la diferencia entre ambas formas?

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