J.W.Z: Háblenos sobre Làszló Vörk. ¿Cómo era el hombre?
F.P.M: Bien. Usted ya sabe que de niño Làszló perdió a su familia completa en manos de la…policía del régimen. ¿Llamémosla así? (me dedica una pequeña sonrisa) Pues bien, Vörk jamás habló de ese tema, con nadie; nos anoticiamos del suceso por via judicial, policial, de su cine, siempre son otros los medios. Repito: la única manera de averiguar con algo de seguridad qué le sucedía al hombre era ver sus películas. Respecto al Vörk cineasta de seguro saben usted y sus oyentes tanto como yo; créame.
J.W.Z: Puede… Aún así tanto yo como los oyentes estaríamos, se lo aseguro, bastante satisfechos si nos confirmara esta presunción. Díganos ¿usted qué veía en él?
F.P.M: (Vuelve a aclarar que su opinión es el análisis de un espectador cualquiera). Mi opinión es que Làzló, como tantos otros, se suicida al arrogarse el don de dar cuenta de lo irremediable. Làszló llegó a contemplar con total claridad el hecho de que el problema de su vida estaba tan estrechamente ligado al pasado que no tenía ni tendría jamás solución. Al caer en ello su percepción de la realidad mutó; comenzó a ver en el presente ciertas, digamos, metamorfosis. Metamorfosis que, al menos para mí, sólo eran visibles en estado de representación cinematográfica. En fin, lo cierto es que a Làszló jamas le cupo con naturalidad el mote de loco; ni aún en su momento más crítico. Y esto ocurrió porque veía una realidad distinta de la de casi todo el resto pero que podía explicarse en palabras, palabras con las que componía el script, con el que de nuevo reconvertía todo en imágenes, ahora sí, en nuestra realidad, la convencional.
J.W.Z: Interrumpimos ahora un momento para transmitir unos anuncios publicitarios. Pero antes le recuerdo a quien recién nos sintoniza que, esta noche, en emisión especial de dos horas, estamos conversando en vivo con Frank Paulus Marshall, autor de la extraña novela: El envíado de Osiris. Regresamos en un momento.
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J.W.Z: Regresamos. Para quien acaba de sintonizarnos le recuerdo que esta noche entrevistamos a Frank Marshall, autor de la novela El envíado de Osiris. Señor Marshall, durante la pausa hemos recibido agunos mensajes. Vandalia, una de nuestras primeras oyentes, allí por febrero dice aquí conecto con “El perseguidor” de Cortázar, así, de golpe, como quien no quiere la cosa.
F.P.M: Aquí, dónde.
J.W.Z: Bueno, aquí.
F.P.M: Ah, ya. Bien. Estoy de acuerdo porque…
J.W.Z: Aguarde; otros oyentes tienen preguntas relacionadas a la de Vandalia y pienso que será mejor reunirlas, ¿le parece?
F.P.M: Cómo no.
J.W.Z: Alberto Di Tomaso, un asiduo oyente, muy bien informado, por cierto, nos felicita por el programa y pregunta: ¿se explicaba Vörk a sí mismo sus visiones en términos teóricos?
F.P.M: ¿Recuerda usted la escena de Sasom i en Spegel en la que Karin, la bellísima Harriet Andersson, hace el amor a su hermano Minus, ese inolvidable Minus encarnado por Lars Passgård? Recuerda que se hallan dentro de esa enorme ruina de barco, encallados sobre la roca gris de la costa sueca. Dígame: ¿no parece el fin del mundo?
J.W.Z: Sí, claro.
F.P.M: Recuerda que para colmo de males llueve; se ha desatado una tormenta que es como obscena, pagana, o de aire pagano. La madera del techo derruída como está deja que el agua de lluvia filtre como nada. Y allí están esos dos, solos. Lidiando con la fuerza de la naturaleza que los obliga desde fuera y desde dentro. Minus intenta resistirse pero al final la belleza de su hermana le hace el amor no diremos contra su voluntad porque un hombre en estos casos no puede ser jamás sometido. ¿Lo recuerda? Pues durante la fabricación de la escena Bergman utilizó una descripción teórica de Vörk basada en su propio estado alucinatorio. Decíamos antes que en la realidad presente de Vörk se producía una especie de metamorfosis. Es como el caso de la escena que comentamos cuando se desata sobre ellos la tormenta y el agua se desploma desde el cielo. Vemos allí en imagen como unos aspectos de la realidad que residen en lo alto se desploman al suelo y allí se confunden, inundándolo todo. Son ex-objetos del deseo que perecen por falta de libido.
Publicado por Book-Fu



