DINERO

Viernes 8, Febrero, 2008
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La riqueza y el dinero son cosas bien distintas. La primera es natural; trata acerca de poseer una equis cantidad de cualquier cosa que no abunde en el planeta como pueden ser los sueños aunque, en general, esta “cosa escasa” se vea representada por el oro.

El dinero, en cambio, es la apoteótica obra de un brutal ilusionista de los años veinte llamado Mony quien poseído por un espíritu capital extrajo de su galera a un tal Sastré quien a su vez se quitó el zapato izquierdo y dejó escapar al conejo Rabito que de su zanahoria extrajo un colmillo que expulsó a través de una caries la probeta que se hizo pedazos contra el escenario liberando el ADN de una mini biofotocopiadora y de una joven morena de ojos verdes cuyo útero de alquiler inoculó Rabito para que la mencionada locataria diera a luz diez mil gemelos de Thomas Jefferson que desfilando en ropas de marinero y peluca blanca alzaron en andas a Sastré y le entregaron entre aplausos su zapato de charol y una tijera dorada con la que se abrió la cabeza de cuajo y rebuscó y rebuscó hasta dar con el suficiente papel como para entregar su arte al trance pop de fotocopiar y fotocopiar con pasión estroboscópica el rostro de aquellos niños de cabello blanco que lo acarreaban al canto de “alabamos al mago bueno de los años veinte pues creó este jaleo que nos trajo de Washington en hora para alzar en andas al modisto francés quien a base de duplicar y duplicar sin solución de continuidad nuestro rostro fundacional sobre un papel común y corriente traerá por fin al mundo un atuendo a la moda para disfrazar al oro y de ese modo entretener a la plebe mientras éste juega a salvo en Fort Knox, custodiado por marines, y no se extravía al pasar de mano entre los pobres tal y como venía ocurriendo desde que se inventó este asuntillo del comercio”.

Una ilusión genial; sobre todo porque permitió concentrar el oro en las manos de uno solo y arrancarlo de la libre circulación en forma definitiva. Mony, amigo, alcanzaste aquella noche la categoría del más grande ilusionista vivo y por la mañana te nos fuiste para siempre. Hoy tu magia, tu fantasía de tinta negra y papel ha pasado de moda; el megajuego del capital es tanto más grande cuanto menos dinero haya en circulación. Para los genietes de Wall Street, tu truco fue el burdo juego de unos niños retro y por eso yo, que soy más bien tirando a pobretón, por no decir pobre, con humildad y habiendo dicho ya mis oraciones, entrada la noche como está, deseaba, aquí mismo, recordar tu hazaña.